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Participantes y organizadores del IX Congreso Catolicos y Vida Publica recibieron el aliento de Benedicto XVI a renovar sus esfuerzos «para resaltar la necesidad indispensable de oir la voz de Dios y respetar los valores supremos anteriores a todo derecho en todos los ambitos de la vida».
El Santo Padre anima igualmente el empeño «para fomentar la toma de conciencia» de la citada «verdad fundamental en los diversos sectores de la sociedad y de la cultura».
Leyo el mensaje papal, con la firma del Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio Maria Rouco Varela, al clausurar el domingo las tres jornadas de este encuentro que, por noveno año consecutivo, ha organizado la Asociacion Catolica de Propagandistas (ACdP) y de la Fundacion Universitaria San Pablo–CEU.
«Dios en la vida publica. La propuesta cristiana» fue el lema de esta edicion, que ha contado con mas de 1.500 participantes inscritos, 57 ponentes, 200 comunicantes y miles de internautas.
A partir del tema central, se articularon ponencias y concurridas mesas redondas sobre «Laicidad y laicismo en la sociedad democratica», «Los limites del poder en la democracia», «Occidente contra Occidente», «Ciudadania Cristiana: libertad y conciencia». De todo hizo un resumen practico el cardenal Rouco con su intervencion «Exigencia y compromiso del catolico en la vida publica».
El concepto de «vida publica» «no se ciñe solo al contexto del Estado o de la comunidad politica, sino que se extiende a toda la realidad social en su conjunto», explico el purpurado
Retos
Trazo la situacion actual de la sociedad española, marcada por un «laicismo radical» que envuelve todo y llega a cuestionar «el contenido de algunos derechos fundamentales», asi como «cualquier intento de fundamentar sobre un base supra-politica, excluyendo por supuesto toda referencia a un principio trascendente, el Estado democratico de derecho».
A este laicismo, que tambien arrinconar la fe, se añade el relativismo moral tejido de juicios formulados e impuestos –cultural, social, politica y juridicamente, sucesivamente-- «segun los intereses mas diversos de individuos y grupos».
El «individualismo egoista, utilitarista y socialmente insolidario» esta dibujando tambien la sociedad actual, en la que ademas, segun el cardenal Rouco, los nuevos sistemas de comunicacion y de la nueva economia se utilizan con metas egoistas del poder economico, cultural y politico.
De la propagacion del relativismo ya habia advertido, en la inauguracion del Congreso, el nuncio apostolico, el arzobispo Manuel Monteiro de Castro, asi como del peligro de «dejar de dar testimonio», pues «si las verdades son muchas» parece que «ya no hay necesidad de misionar».
Respuesta necesaria
Retomo este punto el cardenal Rouco advirtiendo de la necesidad del compromiso del seglar en el «testimonio explicito de la fe profesada», haciendo asi «visible y posible» la presencia de la Iglesia en el mundo como el gran signo de la verdad de Cristo.
Empezo asi a sintetizar la «exigencia y compromiso del catolico en la vida publica», alertando de que solo es alcanzable la plena libertad religiosa y de la Iglesia cuando el seglar catolico toma conciencia del valor fundamental de esta libertad para el bien de la persona y de la sociedad.
Pero para transmitir la fe es necesaria una «libertad integra e integral, no solo reducida a minimos formales del ordenamiento juridico –puntualizo el purpurado--, sino la posibilidad real de vivirla y expresarla en todos los ambitos de la vida publica».
El destino del hombre y de la sociedad contemporanea se juega en «espacios esenciales» --prosiguio-- donde es apremiante el compromiso de los laicos, como es el relativo a la necesidad de fundamentar en un plano trascendente la legitimidad de la existencia y de la autoridad del Estado.
Este es el «punto mas urgente que reclama el compromiso intelectual, cultural y especificamente politico del seglar catolico», subrayo el cardenal Rouco, señalando la urgencia de un retorno del Derecho Natural.
«Asumir la concepcion y la realizacion practica del matrimonio y de la familia como institucion natural anterior al Estado y como primera celula de la sociedad» es otro de los campos de compromiso necesario, que «se extiende al derecho de los padres a poder ejercer su paternidad» tambien en el terreno educativo. «Los hijos no son del Estado ni de la sociedad; son de sus padres», advirtio.
Y el compromiso del seglar por un orden internacional al servicio de la unidad solidaria y de la paz es «de especial gravedad» en España para un catolico que, consciente de su responsabilidad evangelizadora en la vida publica, no puede dudar de la valoracion etica del terrorismo ni del reconocimiento de las exigencias «de guardar generosamente el bien de la unidad multisecular» --puntualizo el cardenal Rouco-- recibida «de una fecunda historia comun».
Principios no negociables «Es el momento de tomar conciencia», expreso el presidente de la AcdP al despedir el Congreso en que se ha podido recalcar que «la razon de ser de la autoridad politica y la justificacion moral de su ejercicio debe ser siempre la defensa y la promocion del bien integral de los ciudadanos, la defensa y la promocion de la dignidad de la persona humana, el reconocimiento de los derechos fundamentales que le son propios».
Invito a prestar especial a los principios que no son negociables, tales como «la proteccion de la vida humana en todas sus expresiones --desde el momento de la concepcion hasta la muerte natural--, el reconocimiento y la promocion de la estructura natural de la familia --como union entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio--, su defensa frente a los intentos de la ley civil de equipararla a formas radicalmente diferentes de union que en realidad contribuyen a desnaturalizar y tergiversar la institucion familiar».
A estos principios no negociables añadio «la proteccion de la libertad de enseñanza y mas especificamente el respeto de los derechos de los padres a educar a sus hijos, y sobre todo la defensa frente a las pretensiones de adoctrinamiento desde el poder politico».
«Son principios insertos en la naturaleza humana, y por lo tanto forman parte del patrimonio etico de la civilizacion», concluyo.
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